PESADILLA DE CARNE Y HUESO.
Hace dos noches, soñé con mis viejos, con los dos. Yo también era parte del sueño. Extrañamente, con sus rostros y sus voces, fieles e intactas, de una nitidez espantosa y, una cotidianidad que calaba los huesos literalmente, porque el sueño giraba en torno a huesos y carne. Mi madre apilaba bifes, cortados a la perfección y, mi padre cortaba trozos desprolijos, de una bola de carne tierna, surcada por enormes vetas blancas de nervios blancos. Ellos, parecían competir por ver quién dejaría, en lo que suponía era mi casa, unos víveres esenciales para sobrevivir mucho tiempo. De pronto el ventilador de techo, empezaba a girar y al levantar la vista, observaba que en el centro entre las luces, se acumulada carne picada, pero sin caer. Con un palo de escoba, empezaba a removerla, empujando y, la carne se derramaba sobre mi cara. Cuando intentaba limpiarme con desesperación, me miraba las manos, ahogando un grito de estupor, porque entre los dedos y en medio de los gránulos de carne picada, estaban las alianzas de mis viejos. Entonces me trepaba a las aspas, para recuperar sus cuerpos, en un intento dantesco y patético. Desperté empapada en sudor de color rojo amarronado, con olor a sangre coagulada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
la que modera los comentarios es rubia, sabrán entender, ustedes tranquilos, comenten sin miedo, eso de la moderación es puro cuento, porque además de rubia es ARGENTINA.